Ruralidad: a 100 años de la educación rural en Chile

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Recordar, del latín recordis re -volver, cordis corazón, escribir sobre ruralidad, es recordar, es volver a pasar por el corazón, por los inicios de un joven profesor rural en el territorio del Budi, en un lugar llamado Raukenwe (lugar de los sonidos, en lengua mapuche), territorio en el cual el mapudungun en muchos casos era primera lengua de los niños (as).

Al conmemorarse 100 años de la Educación Rural en Chile, este 7 de abril, no puedo dejar de nombrar la excelente instalación de programas del Ministerio de Educación como el MECE Básico Rural y Programa P-900  por parte de los equipos de supervisión técnica pedagógica que nos acompañaron en el recorrido, en especial a Digna Díaz Rodríguez, que entregó orientación clara y precisa de la Política Pública en educación rural; Guillermo Williamson, que instaló en el sistema el ordenamiento de microcentros de aprendizaje colectivos como medios de articulación Ministerial, muchos ya han dejado el servicio o la docencia de aula, pero dejaron huellas imborrables en las comunidades educativas de cada localidad rural donde existe una escuela, hay una sede, una posta, un club deportivo, un taller laboral femenino, vida social y comunitaria. En ese contexto el profesor rural es un articulador y facilitador social, debe cooperar en la gestión comunitaria, debe aportar al territorio, es llamado a sumarse a las propuesta de trabajo, es un servidor público, así se debe entender el ejercicio docente en lo rural , el profesor rural siempre ha hecho patria donde muchos no llegan, la pandemia nuevamente pone de manifiesto esta realidad, colegas rurales trasladándose kilómetros a dejar las guías de trabajo a sus estudiantes por falta de conectividad, otros trasladando materiales y la alimentación a las familias vulnerables, no faltó el que también llevó medicina o tuvo que trasladar a un enfermo, esto deja de manifiesto una vez más que nada puede reemplazar a un buen profesor, se hicieron esfuerzos de poder realizar clases telemáticas, un esfuerzo mayor al mundo docente que lo asumieron con responsabilidad, pero la vuelta  a la presencialidad llenó a nuestras escuela rurales de abrazos de saludos llenos de afecto hacia los niños(as) en cada una de las escuelas volvió a aflorar ese orgullo de ser profesor(a), salimos como país de la pandemia y como región llegaron los incendios forestales; escuelas y jardines de la provincia de Malleco, Cautín Norte y  Sur afectados, parece que las tragedias atacan más a los que tienen los pies descalzos.

Hoy a un mes de esos hechos nos convoca la reactivación educativa, mientras no logremos llegar hasta el último rincón de esta región con nuestra propuesta como Ministerio y acompañamiento a las escuelas el trabajo no está finalizado, ya que, mientras exista un alumno rural sin acceso a la Educación Pública nuestra tarea estará inconclusa.

Concluyo este escrito diciendo que extraño mi trabajo en las salas de clases, mis alumnos (as) y en especial, a un compañero de trabajo que ha llenado de historias, relatos y música las salas de clases por donde ha pasado un colega que ha entregado su vida a la educación rural en contexto intercultural, el Peñi Luis Ñanko Pichulman un maestro entre los maestros.

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