Sin tratarse de un remake “Gladiador” (2000) tiene sus albores en la notable “La caída del Imperio Romano” (1964) del director norteamericano Anthony Mann.

El británico Ridley Scott utiliza los mejores trazos de Mann para estructurar su particular visión sobre la antigua Roma, con esa capacidad y talento para grandes empresas, logrando una de las obras más arriesgadas y emotivas de su carrera.

No es exageración afirmar que me encuentro con uno de los remates más extraordinarios y conmovedores que nos haya regalado las películas históricas o péplum, con un cierre visceral que me deja de una pieza.

Definitivamente Scott logra una irrepetible conexión con el público que pocos cineastas han alcanzado, siendo una experiencia compleja de olvidar tras salir de la sala oscura.

RETORNO DEL PÉPLUM   

Sí bien “Gladiador” no está a la altura de grandes cintas péplum que tantas glorias brindó a Hollywood como “Ben-Hur”, “Espartaco” y “Quo Vadis”, que no contaron con efectos por ordenador, Ridley Scott tuvo el mérito de conquistar al público y a la industria al resucitar el cine histórico de aventuras que hasta entonces estaba olvidado.

El director Ridley Scott dando instrucciones a Rusell Crowe en el plató de «Gladiador».

Así tuvieron que pasar cuatro décadas para que el género más interesante y estilizado de la historia del cine resurgiera como el ave fénix.

El director de “Blade Runner” (1982) contó con un presupuesto de 100 millones de dólares para que pudiésemos entrar a una máquina del tiempo y conocieramos la grandiosa Roma Imperial, su maquinaria bélica y el espectacular coliseo donde tuvieron lugar sanguinarias luchas.

NOTABLE ELENCO     

Efectivamente sorprenden sus efectos especiales, sin embargo, toda esta tecnología quedaría en el olvido si no contara con un elenco de lujo encabezado por Joaquín Phoenix en el papel de Cómodo, quien encarna una maldad contenida e irradia una ambición y perversidad sin límites que incluso expresa con sus miradas.

Por otro lado Rusell Crowe, el general Máximo Décimo Meridio, alias “Español”, realiza un papel a memoria. Se encuentra inmerso hasta los huesos en este personaje carismático, sencillo y digno de su envestidura por su inquebrantable lealtad a su emperador Marco Aurelio, Richard Harris.    

Máximo antes de ser el comandante de las legiones romanas era un granjero que amaba la tierra, por lo anterior antes de cada batalla y de enfrentar a sus oponentes, recogía un poco de tierra para estar en contacto con ella y recordar a su esposa e hijo en su hogar. 

El general del ejército, quien recalcaba a sus soldados que “lo que hacemos en vida resonará en la eternidad”, de la noche a la mañana se convierte en un moribundo esclavo y luego en un famoso gladiador quien desafía al propio emperador.

Destacar la memorable banda sonora del compositor alemán Hans Zimmer,  con la colaboración de Lisa Gerrard, quien mereció el Oscar por estas irrepetibles partituras que arropan las impagables imágenes de un género que en su momento fue el más importante de Hollywood.    

Por Andrés Forcelledo Parada.-

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