Adiós viejo querido

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Se fue nuestro hermano Carolo, Enrique Carol Larenas Fuentealba, un personaje como pocos en Temuco, lleno de historias increíbles, porque no sólo era el que conducía un móvil en el Diario El Austral, también fue un formador de generaciones de periodistas.

Carolo te enseñaba cosas que no estaban en los libros de periodismo, porque tienen que ver con el ejercicio cotidiano del reporteo, del compartir gran parte del día con tu equipo de trabajo.Y cuando recién estás descubriendo este mundo maravilloso, cualquier orientación es bienvenida, se agradece.

Siempre preocupado de llegar pronto al lugar de la noticia, de conseguir ese dato distinto, esa foto que le permitiera a los lectores dimensionar lo ocurrido, de tener «corresponsales» en cada lugar que se iba y cuidarlos con respeto.
Lo recuerdo manejando un Lada, una nave que  nos llevaba a todos lados. Los viajes estaban llenos de anécdotas, de historias, de risas, que transformaban largas jornadas de trabajo en un paseo.

Enrique Carol Larenas Fuentealba: Carolo.

Carolo tenía un sentido del humor increíble, era rápido, con una viveza como Caszely en el área chica. Me atrevo a decir que casi todos los sobrenombres que hoy se conocen en El Austral los puso Carolo, era un especialista. Te miraba un par de segundos y listo. A mí me miró y me bautizó como «Gato» por el color de mis ojos, sobrenombre que todavía llevo con orgullo.

Un día le pregunté a Corolo por qué a un querido reportero gráfico le decían Pidén. Y me dijo que el reportero en cuestión había llegado del norte con unos zapatos naranjos, del mismo color que las  patas del pidén. Y el goleador no dudó.

A fines de la década del ’80 con esta capacidad increíble que tenía Carolo, ya había formado un verdadero zoológico en la redacción y en otras áreas del Diario. Allí estaba El Pavo, El Pollo y El Loro, entre muchos otros.
Poner sobrenombres no le salía gratis y a él de cariño le decían cabezón o piñón, pero jamás se molestaba, entendía que era parte del «juego».

Carolo no solo era un capo para poner sobrenombres, también lo era para los negocios y ejercer un oficio que lo apasionaba: conducir. Trasladó por años a cientos de periodistas y funcionarios del medio a los rincones más apartados de La Araucanía y fuera de ella. 

A veces en el viaje colocaba una ranchera o una cumbia y se movía como en una pista de baile, sacando más de una carcajada en las frías mañanas sureñas.

Pero Carolo tambien fue control en antiguas emisoras de Temuco, hippie y motoquero. Tenía cientos de historias, como cuando ingresó al Mercado Municipal en moto, pero esa se las contaré otro día.

Carolo, hoy te quiero recordar manejando tu Lada hacia un mundo mejor. Hasta pronto viejo querido.

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