Proteger la salud de quienes nos darán salud

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En nuestro país, la matrícula de estudiantes para doctorados, según las últimas estadísticas, fue de poco más de cinco mil profesionales; cifra no menor si consideramos lo que ello significa para alcanzar avances en lo que a ciencia e investigación se refieren. Es más, si lo situamos en contexto de actualidad, qué duda cabe que la existencia de expertos, en particular del área de la salud, ha logrado una relevancia inconmensurable.

El punto es, entonces, hacerse preguntas del tipo: hoy, en pandemia, ¿qué está ocurriendo en su formación? A qué situaciones se ven expuestos los estudiantes de doctorado? Cómo esto repercute en su salud mental? En noviembre del año pasado, la revista Nature (https://www.nature.com/articles/d41586-019-03459-7) publicó la sistematización de una encuesta a 6000 estudiantes de doctorado en distintas partes del mundo, respecto de una eventual relación entre la vida personal, depresión, ansiedad, y episodios de acoso. Las cifras dieron cuenta de que un tercio dijo haberse sentido ansioso o  depresivo y haber buscado ayuda por ese motivo. Otro grupo cercano al 20%, declaró haber experimentado acoso, mientras que un porcentaje menor dijo que ha sufrido intimidación.

Así las cosas y más allá de las cifras, lo preocupante es que también se conoció de una “indiferencia” absoluta frente a estas situaciones, de parte de quienes podrían haber tomado cartas en el asunto. Alrededor del 50% refirió haber sufrido acoso y se declararon incapaces de reportarlo o al menos visibilizarlo por temor a represalias. Sólo en el Reino Unido, más de la mitad de los profesionales-estudiantes de último año reportaron pensamientos de autolesión y vulnerabilidad, lo que en nada aportaban a su salud en su correspondiente etapa de ciclo vital. (https://www.theguardian.com/education/2019/mar/05/levels-of-distress-and-illness-among-students-in-uk-alarmingly-high).

 Con esos datos a la base, lo que resta es tomar conciencia de la necesidad de abordar la temática de salud mental en estudiantes de doctorado, ya que presentan seis veces más riesgo  de desarrollar depresión, con respecto a la población general.

Una propuesta de reacción inmediata, es que surjan nuevos sistemas relacionales, reglamentos y protocolos que protejan a los estudiantes frente a situaciones arbitrarias. Y es que la ciencia, al igual que otros ámbitos de la vida diaria, no sólo se mueve por recursos materiales o de proyectos; sino que una parte importante está compuesta de capital humano que hoy más que nunca necesita ser sacado de “debajo de la alfombra” como eslabón clave del progreso. Hay que allegar recursos monetarios sí, pero a la par se deben sentar cimientos y apoyos de salubridad psicoemocional, para así cuidar a quienes nos cuidarán mañana. Bienestar y salud mental… la premisa.