Por Andrés Forcelledo Parada

En sus constantes cambios de títulos Netflix tuvo en su momento tres obras cumbres del maestro del suspenso Alfred Hitchcock; “La ventana indiscreta” (1954), “Vertigo”(1957)  y “Psicosis” (1960).     

Hoy solo queda en vitrina “Psicosis” y aunque la he visionado una docena de ocasiones aún es interesante revisarla; se trata de esas cintas que nunca terminas de ver completamente, ésta ofrece nuevas pistas para conocer mejor el refinado y perfecto estilo del británico.    

Ríos de tinta se han escrito sobre los tres minutos que dura la escena de la ducha que se rodó en siete días, el travestismo del protagonista y los mitos que rondaron el filme del creador de “Rebeca” (1940), siendo su técnica plagiada 100 mil veces en la pantalla grande. 

Tengo fresca en la memoria la primera vez que la disfruté, fue una lluviosa noche de fines de mayo en Temuco, había una tormenta similar a la secuencia cuando la protagonista Marion Crane, Janet Leigh, conduce desesperada por la carretera, se pierde y llega al Motel Bates. 

Fue un momento existencial, algo que nunca había visto; las imágenes se fusionaban a la perfección con la inquietante banda sonora de Bernard Herrman con esos aterradores y escalofriantes sonidos de violines que me dejaron de una pieza.  

Una animalista y eufórica música que realmente pone los pelos de punta; composiciones a base de instrumentos de cuerda con ese sentimiento de culpa que envuelve las irrepetibles escenas creadas por Hitchcock.

En esa época el realizador finalizaba una década gloriosa con lo esencial de su obra: la cátedra de suspenso Crimen perfecto” (1953); la voyerista e intrigante “La ventana indiscreta”(1954); la leyenda de “Vértigo” (1957) y el vertiginoso thriller “Con la muerte en los talones” (1959).  

Sin embargo, comenzó los sesenta con falta de buenas ideas y guiones para filmar otro de sus refinados largometrajes, así llegó a sus manos la novela de Robert Bloch, “Psycho”, que posteriormente fue adaptada por el guionista Joseph Stefano.  

Así el director se convirtió en pionero del cine del terror psicológico, logrando un éxito que jamás fue superado por imitaciones, secuelas y remakes, por ejemplo, la triste versión del director Gus Van Sant

Hitchcock revolucionó para siempre el género y fue mucho más allá en su línea argumental e innovadora técnica para filmar, subrayando siempre que la forma era más importante que el fondo, un purista visual como él se autodefinía.   

Una historia elegantemente bien contada, con un montaje y edición similar a la hoja de un cuchillo, cortando escenas milimétricamente ante la censura de la época y con una estética sin precedentes.    

Destacar los movimientos de cámara y cambios en el argumento que la convirtieron en mítica, sorprendiendo y descolocando a los críticos y a su fiel público; definitivamente el director de“Los pájaros” (1963) dejó una valla tan alta que ni siquiera él pudo superar.  

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