Andrés Forcelledo, periodista y crítico de cine

Por Andrés Forcelledo Parada

“Valparaíso mi amor” (1969) ha sabido envejecer a más de cinco décadas y su desgarradora historia está más vigente que nunca en nuestra desintegrada sociedad.

Existen elementos que la convierte en una de las mejores películas que se hayan hecho en Chile y debe estar dentro de las mejores 100 de la historia del séptimo arte.

La primera de las únicas dos cintas de Aldo Francia no tiene nada que envidiar a emblemáticas del Neorrealismo Italiano: “Roma, ciudad abierta” (1945), “Rocco y sus hermanos” (1960) y “Ladrón de bicicletas” (1948), dirigidas por Roberto Rossellini, Luchino Visconti y Vittorio De Sica, respectivamente.    

Un hecho marcaría la formación del cineasta chileno con una de estas obras, a finales de 1949 viajó a Francia junto a un grupo de compañeros recién graduados de la carrera de Medicina; en una tarde parisina los profesionales vieron “Ladrón de bicicletas”. 

Terminada la función todos salieron emocionados hasta las lágrimas del cinema y en ese momento existencial el doctor Francia se prometió que algún día realzaría su propio filme.

CONEXIÓN

Desde el primer fotograma me conecto con la historia con pinceladas neorrealistas y tomas cenitales que me recuerda filmes de la Nueva Ola Francesa, al más puro estilo de François Truffaut en “Los 400 golpes” (1959). 

La mayoría de las imágenes filmadas “cámara al hombro” me hace ser testigo de la realidad social de la década de los sesenta en Chile, y no es una visión sensacionalista de la pobreza y sus consecuencias, sino es una fiel expositora de los acontecimientos.

Es la historia de un padre y sus cuatro hijos que viven precariamente en los cerros de Valparaíso; los niños quedan desamparados porque el dueño de casa, quien es matarife, es condenado a cinco años y un día por el delito de abigeato. Éste al quedar cesante no le quedó otra alternativa que salir a robar para llevar el sustento a su familia.   

Los hermanos quedan a cargo de la conviviente del padre quien se encuentra embarazada, ella los mantiene gracias a su trabajo de lavandera, sin embargo, se ven enfrentados a la marginalidad y la descomposición familiar que no pueden eludir ante la ausencia del padre, lo único que les queda en la vida.

DESTINO

Inevitablemente los hermanos mayores se inician en la delincuencia para poder sobrevivir, la hija tomará el camino de la prostitución y el menor se enferma de bronconeumonía.

En instantes claves del filme veo las imágenes congeladas de cada uno de estos niños con sus nombres en pantalla, como si se tratara de breves cortos que inmortalizan sus desdichadas vidas.

El director, nacido en Valparaíso, muestra la ciudad puerto como un personaje más de la trama; contemplo los cerros, ascensores, plazas, mercado, calles y centros nocturnos; lugares en que los niños se enfrentan a la hostilidad de los grandes y de sus pares como en las escenas del Cementerio y el Mercado.

Recordar que el doctor Francia fueuna persona muy querida por los habitantes de los cerros de Valparaíso gracias a su loable compromiso social como médico pediatra del pueblo.  

Él tuvo una excelente relación con los niños del metraje, logrando un notable trabajo de director de actores, sin ser ellos profesionales, así alcanza momentos de naturalidad y espontaneidad que la cámara inmortalizó por siempre.

Por momentos me olvido que es una película y parece un documental que registra terribles sucesos de la vida real; me sumerjo en esta historia que me carcome el alma y veo cómo el realizador expone a los personajes y el oscuro ambiente que los rodea.

El director de “Ya no basta con rezar” (1972) exhibe la pobreza de una forma honesta, con la ausencia absoluta de clichés en que otros harían una apología de la miseria, porque las imágenes hablan por sí solas y no se instrumentaliza la marginalidad como panfleto político.        

Necesaria película que conforma la “Trilogía de oro” del cine chileno, junto a “El chacal de Nahueltoro” (1969) y “Julio comienza en julio” (1979), dirigidas por Miguel Littin y Silvio Caiozzi, respectivamente; los interesados pueden visionar estas joyas nacionales en sitio Cinemateca Nacional y en YouTube.