Por Andrés Forcelledo Parada 

Periodista y crítico de cine

Como se diría en jerga futbolística daré el puntapié inicial a este recorrido por el cine clásico con un filme que considero el campeón mundial de todos los tiempos en cuanto a cátedra cinematográfica; me refiero a la leyenda de “Citizen Kane” (1941).   

El fallecido y recordado profesor de universidad de Apreciación del cine y televisión, Enrique Eilers, siempre nos recalcó que existen dos tipos de películas: “las de buena calidad y otras de menos calidad”.

Agregaba que no era pertinente clasificar las cintas en un grupo de élite llamado “cine arte”,como si fueran de otro planeta y no tuviésemos acceso a ellas, lo que terminaba por segmentar el arte, lo que es absurdo observando la aldea global en que vivimos.                 

Eilers valoraba el sacrificio que hay detrás de cada producción y el esfuerzo de los directores para concretar sus proyectos, aunque sus obras no fueran del agrado del público y la crítica. 

Así algunos realizadores se convertían en verdaderos artesanos del celuloide, dejando la vida en los platós para concretar sus proyectos, aunque éstos fueran irrealizables y utópicos.   

Se me viene a la mente la figura de Ed Wood, considerado uno de los peores directores de la historia, quien se caracterizó por rodar “cintas clase z”, incursionando en todos los géneros conocidos. 

Tim Burton llevó a la pantalla la vida del realizador, magistralmente interpretado por Johnny Depp, en una de las mejores actuaciones de su carrera.  

En la cinta observé los problemas que tuvo Wood para concretar sus largometrajes. Aunque ponía mucho corazón en su trabajo, que se podría clasificar de artesanal y con pocos recursos, el resultado era  desastroso en el plató. 

Lo paradojal es que tras su muerte algunos  críticos valoraron su obra, incluso hoy es considerado “director de culto”, algo difícil de entender.    

KANE

En la vereda del frente me encuentro con Orson Welles a quien en primera instancia no le ocurrió lo mismo que al vilipendiado Ed Wood; recuerdo que antes de ver su ópera prima las expectativas eran muy altas, escuché hablar mucho de ella, era casi un mito antes del primer visionado. 

La experiencia con “Ciudadano Kane” marcó un antes y después con todo lo que había visto. Desde ese instante las películas fueron más que un pasatiempo, definitivamente era arte con letras de liquidación.

La cinta inspiró a generaciones de directores gracias a su inmensa riqueza técnica, artística e interpretativa; imprescindible para los amantes de la fotografía gracias al manejo de claros, oscuros y atmósferas que Welles elaboró en cada fotograma.    

Son innumerables los elementos que la hacen insuperable y con el tiempo ocupó el sitio que se merece, como también su autor uno de los grandes genios del siglo XX, quien se convirtió en esclavo de su obra maestra, porque nunca pudo superarla.    

“ROSEBUD”

La historia me atrapó desde el primer fotograma a partir del misterio de la última palabra pronunciada por Charles Foster Kane, Orson Welles, quien se encontraba agónico en su fabuloso castillo de estilo oriental Xanadú.

En su lecho de muerte y antes del último suspiro Kane expresó la palabra “Rosebud”. Así partía este fascinante relato y la búsqueda para saber quién diablos había sido este magnate de los medios de comunicación, en lo personal fue un viaje fantástico de realizar.      

Es una cinta que nunca termino de ver, al disfrutarla otra vez no me sorprende descubrir nuevas proezas cinematográficas, complejos planos e innovadoras técnicas que la ubican en el Monte Everest de la industria. 

Fue un debut extraordinario para un joven adelantado a su época,  reconocido y respetado hombre de radio. Recordar que Welles junto a su compañía de Teatro hizo una realista adaptación radiofónica de la novela de ciencia ficción “La guerra de los mundos”. 

Esta transmisión en vivo causó pánico en los habitantes de New Jersey y Nueva York, donde presuntamente había ocurrido una terrorífica invasión extraterrestre a principios de los años cuarenta; Welles provocó el caos más grande que se conoce en la historia de estas ciudades.         

Tras la polémica a sus 25 años a Welles se le otorgó un premio inédito para la época, el poder absoluto para hacer dos largometrajes con todos los recursos técnicos y humanos a su disposición, algo impensado en nuestros días.     

El talentoso joven estuvo comprometido a filmar, escribir e interpretar estas cintas con una libertad absoluta y poder de decisión en todas las etapas de realización; tremendo premio para un artista de su talla. 

El director de “Sed de mal” (1958) fue privilegiado al permitírsele contar con una autonomía artística nunca antes vista y que pocos gozaron durante décadas en la industria del celuloide.  

La primera de estas cintas trataría sobre el ascenso y caída de un magnate de la prensa de Estados Unidos, figura inspirada en el gigante mediático en los años cuarenta William Randolph Hearst. 

Antes del estreno este pez gordo desató toda su ira en contra la película al enterarse por sus periodistas que retrataría aspectos sórdidos de su trayectoria profesional y privada. Finalmente se estrenó con un rotundo éxito de crítica, pero no de taquilla. 

A esta altura no sorprende, pero de nueve nominaciones que tuvo el filme sólo ganó el Oscar al Mejor Guion Original; al parecer la Academia hizo la vista gorda y no valoró la riqueza técnica y artística que con los años convirtió a “Ciudadano Kane en el mejor filme de la historia.