Funas en redes sociales: un fenómeno de dos caras

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Como todos sabemos, la palabra “funa” viene del mapudungun y significa algo así como “lo que se echa a perder o lo que se pudre”. Las funas son un fenómeno que surgió como una forma de hacer justicia con los violadores de derechos humanos, y se acrecentó en los años 90, con el auge de internet debido al surgimiento de redes sociales como Facebook o Twitter, y se trata de una especie de denuncia pública, en la que una persona da a conocer una situación reprochable para exponer al culpable y alertar a su entorno.

El movimiento feminista del 2018, y el empoderamiento que este provocó en las mujeres, ha hecho que las funas más comunes del último tiempo den cuenta de denuncias sobre hechos de acoso y abuso sexual, que muchas veces fueron callados por años por sus víctimas.

Desde este punto de vista, una funa en redes sociales, se transforma en una alternativa liberadora frente a muchos casos de injusticia donde la justicia real no ha sido capaz de dar una respuesta satisfactoria a las víctimas.

No se puede culpar a las personas por querer buscar un desahogo a través de redes sociales, cuando se sienten desamparadas, vulneradas y presas de la injusticia. En Chile hay casos emblemáticos, como lo ocurrido con Martín Larraín, donde la opinión pública, hastiada del abuso de poder y el uso de influencias, sólo encontró consuelo funando al personaje, que los jueces liberaron de todo castigo y culpa.

Sin embargo, como todo en la vida, esto de las funas también es un arma de doble filo y se ha prestado para que personas inescrupulosas inventen o tergiversen hechos, con el único objeto de arruinar la vida de una persona, como ocurrió con José Ignacio Palma, que en medio de su candidatura a la Federación de Estudiantes fue acusado anónimamente a través de Facebook de supuesto abuso sexual en una fiesta. El estudiante se vio obligado a retirar su candidatura, al ser hostigado en la universidad. Finalmente, una investigación reveló que la denuncia era falsa, inventada por un estudiante de Derecho llamado Johnny Olate quien solo buscaba venganza política contra su ex-compañero, lo cual dio paso a la indignación de la comunidad, ya que esta “funa falsa” desacreditaba los cientos de testimonios reales de las víctimas de abuso y acoso.

Otro caso ocurrió acá en La Araucanía la semana pasada, cuando cubriendo el connotado caso de Antonia Barra, un periodista fue despiadadamente funado en redes sociales, porque supuestamente se habría referido a la víctima como que “era una loquilla”, al escucharse un audio en el despacho en vivo. Sin embargo, lo que había ocurrido era que el periodista se refería a los términos en los que el abogado defensor del acusado se habría referido a la víctima, sólo que el audio reflejó sólo la última parte de la conversación. Este desafortunado hecho desató una presión tal que terminó con el despido del periodista, y con los datos y fotos de la familia y las hijas de este dando vueltas por toda la red.

Entonces, si bien una funa puede ser una acción liberadora en ciertos casos, esta se transforma en un acto altamente peligroso y hasta delictual cuando es movido por un afán de venganza y odio, sin razonamiento lo cual lamentablemente se está haciendo muy recurrente en estos tiempos. ¿Cuántas personas han visto expuestos sus datos personales, sus domicilios, las fotos de sus seres queridos, por personas que lejos de querer hacer justicia, solo buscaban hacer daño?

El tema da para largo, y amerita una profunda reflexión, ya que no sólo nos habla de un profundo sentimiento de impunidad que estamos sintiendo como sociedad donde no se confía en las instancias formales para hacer justicia, si no que también habla de la salud mental de las personas y de lo que es capaz de hacer alguien lleno de odio y frustración, sin meditar las consecuencias que esto pueda traer para otras personas.